Esté donde esté, madre:
Mi primer recuerdo de lo que entonces ocurrió era ver como padre, cada semana, al venir a por provisiones, se iba con la bicicleta para la quintería y yo corría detrás, llorando, hasta caer rendida. Me recogía el tío Amalio, que cariñosamente me consolaba y me acompañaba de vuelta a casa. Es extraño tener recuerdos tan vivos con solo tres años, pero siempre me han acompañado, inalterados e hirientes.
Aquella decisión marcó mi vida; mi carácter, el ánimo y cada situación o relación que he tenido en los siguientes ochenta y tres años. Ha sido la fuente de mi dolor permanente y la falta que ha dejado marcada mi historia.
Fue mi nieta mayor, Julia, siempre tan cercana, interesada por saber de mi vida, la que, a través de nuestras conversaciones y sus continuas y penetrantes preguntas, la que consiguió que tomara plena conciencia de los efectos acumulados, tan dañinos para mí como para los que me han rodeado, de aquella falta que ha atravesado todos los días de estos largos años.
Un día, viendo con ella fotos de la familia le enseñé la del día de mi boda, luego fueron apareciendo fotos de cuando fui veinteañera, de cuando el bautizo de su madre, Luisa. También una con padre y mis dos hijas. Algunas con las vecinas y otra con mis hermanos.
Julia me preguntó cómo era que, en todas las fotos, en edades tan distintas, siempre vestía de negro y tenía cara de tristeza.
Nunca había reparado en esos dos datos, pero estaba claro que era así. En apenas una docena de fotos se resumía la vida que había tenido; llena de tristeza y luto. Fui cayendo en la cuenta al ver en serie todas aquellas fotos y por el tercer grado al que Julia fue sometiéndome ese día y otros posteriores.
Para cada foto fui dándole argumentos del por qué el luto: Le conté que en la época de mi boda estaba de moda ir de negro, porque era elegante; pasados cuatro años murió su hermana Patricia, mi madre cotidiana, y me puse el luto de la época, que duraba años; luego la muerte de su marido, el querido tío Amalio. Años después fue usted la difunta y ocho años después padre, la muerte más sentida. Después mi marido.
Según iba avanzando en la explicación que le daba a Julia, me iba dando cuenta de que aquello era el cuento que yo misma me había ido contando a lo largo de los años, pero que la verdad estaba escondida debajo de tanto cuento.
Fui desenterrando recuerdos y haciendo reflexiones con su ayuda. Ella ponía en relación algunas cosas que le contaba con las que su madre también le había contado al hablarle de su propia vida. Y fue Julia la que dijo: –Abuela, ¿de verdad crees que esas razones para cada luto explican el todo? ¿No te das cuenta que sólo hay un luto y una sola razón? Un todo que es más, mucho más, que la suma de esos lutos parciales.
Nos quedamos calladas, mirándonos como si hubiésemos visto claro ese todo al mismo tiempo. Pasados algunos minutos rompí a llorar y ella me abrazó.
Unos días después, durante los cuales las dos anduvimos rumiando el hallazgo, me dijo que me sentaría muy bien escribirla una carta y decirla lo que siempre callé. Que sería una reparación que usted, desde donde estuviese, podría entender y casi seguro aligeraría su sufrimiento y el mío.
Entiendo que en aquella época era algo muy corriente que se cediese una hija a una hermana, sobre todo si era mayor y no podía haber tenido hijos, sobre todo para que la sirviera en la vejez. Pero tiene que comprender que en mi caso al estar usted y padre en la quintería con el ganado, junto a mis hermanos, a casi dos leguas del pueblo, cuando me dejaron con su hermana y el tío Amalio fue como si desapareciesen, como si hubiesen muerto.
El cariño de los tíos, que fue mucho, no pudo remendar el inmenso roto. Cuando me enteré que les habían propuesto tiempo adelante adoptarme cambiando los apellidos y que sólo por la oposición de padre no ocurrió, fue terrible saber que por usted hubiese sido posible.
He tratado de quererla, pero no pudo ser. Ahora veo, como dijo Julia, que esta carta puede remediar bastante y hacer que las heridas cierren.
Espero y deseo que también sea un bálsamo para usted.
Su hija Juana.
De qué me suena ?
Muy agradable su relativa.
Recibido!!!!
Muy bien
La estructura me gusta mucho. No tanto la inclusion de comprender el todo, que en el relato da la impresión de que madre no entendería esa palabra.
Me ha encantado