Hablar de Scorsese puede ser fácil por la amplitud de su cine, productivo en tantos registros, pues hay donde escoger y a la vez difícil por lo tentador que es hacerlo sobre la mafia y los gánsteres, ámbito con el que se le suele identificar, para terminar cayendo en el tópico. También podría escribirse de él sin apenas mencionar sus películas; su infancia retraída, con poca socialización y menos deporte, debido a una enfermedad respiratoria. Hablar de sus obsesiones como cineasta llegan sobradamente para un breve artículo: El cine en sí; la violencia; la religión o New York. Y aún se podría añadir algo jugoso sobre su fobia al número 11 o sus dos pesares: No haber leído más de joven y no haber aprendido a cocinar.

Se trata de un Director con amplias influencias, tanto en otros Directores como en diversas corrientes del séptimo arte y sin duda sobre actores con sobrado prestigio, a los que hizo brillar en sus películas: Robert de Niro en Uno de los nuestro o Casino; Leonardo di Caprio en Shutter Island o Infiltrados; Joe Pesci en Casino; Daniel Day-Lewis en La edad de la inocencia o Harvey Keitel en Malas calles.

Y, claro está, sin poder olvidar los cincuenta años como maestro del crimen organizado, que no tienen rival: Desde su debut con Malas calles (1973), premonitoria de lo que será su cine de gánsteres, el peliculón Uno de los nuestros en su primera madurez (1990), Casino en su plenitud (1995) y en lo que parece su ¡bye, bye! con Los asesinos de la luna (2023)

Con una sola película, Gangs of New York (2002) dibujó, entre lección de historia y crónica social, un magnifico drama revelador de la violencia fundadora de América.

Se atrevió, con otras tantas películas de culto, a incursionar terrenos tan dispares como el mundo oscuro y trágico del boxeo en Toro salvaje (1980), el terror en El cabo del miedo (1991) o el romanticismo lleno de sensualidad en La edad de la inocencia (1993)

Vida repleta de éxitos que presenta a un hombre firme y consistente, tanto que no tuvo inconveniente en dejar ver sus flaquezas, como la etapa de desánimo y depresión que siguió al fracaso sonoro y ruinoso de New York, New York (1977) o El rey de la comedia (1982), que entre tanto reconocimiento y aplausos llenaron periodos de vacío e incluso insultos. O los efectos múltiples provocados por su adicción a la cocaína y más de un medicamento.

Todas estas facetas apenas dejan ver una seña definitoria de su identidad. Su melomanía, que sin duda es la más saludable de todas las manías. Fuente poderosa de endorfinas que ayudan en apartados tan importantes de la vida como la alegría, el entusiasmo y el placer, a la que todos podemos acceder con la música, casi gratuitamente. Scorsese podría definirse de muchas maneras y una sería como un hombre pegado a su Ipod. Un entusiasta y fanático de la música de su tiempo, a cuyos autores dedicó lo mejor de su saber produciendo algunas películas y bastantes documentales que hacen las delicias de otra tribu de las muchas que orbitan en el Universo Scorsese.

Por esta manía corre otro hilo de su cine, incluso más largo que el referido a la Mafia, y que posiblemente sea el menos conocido salvo para esos otros maniáticos de su cuerda melómana. 

En plena movida hippie y con el marco de la guerra en Vietnam, se organizó el festival de Woodstock, posiblemente el mayor por mucho tiempo, llegando a congregar algo más de 400.000 asistentes. Organizado en la enorme campa de una granja entre el 15 y 18 de agosto de 1969. Documental dirigido por Michael Wadleigh y en cuyo montaje participó Scorsese con apenas 27 años. El documental obtuvo el Oscar a mejor documental en 1970.

En 1978 filmó El último vals, sobre el último concierto de The Band, banda canadiense y banda por antonomasia de la música norteamericana en los años 70.  Su música, que contribuyó a definir el género country rock, influyó en músicos, grupos y compositores como George Harrison,17​ Eric Clapton,24​ Crosby, Stills, Nash & Young,25​ Led Zeppelin,26​ Elvis Costello27​ y Elton John

George Harrison: living in the material world (2011) la dirige Scorsese para recoger el tiempo en que Harrison abandona The Beatles para introducirse en la música india, de la mano de Ravi Shankar, que sería su mayor influencia en la evolución de su música.

 En No direction home (2005), documental de cuatro horas, Scorsese cuenta los inicios de Bob Dylan en Minnesota poniendo el acento no tanto en su música como en lo que representa su poesía revolucionaria para la cultura del siglo XX, poniendo énfasis en contar su paso del folk al rock, a partir de su accidente en moto en 1966

Su gusto por el rock de Rolling Stones ya había quedado patente en varias de sus películas, como en Infiltrados, que comienza con el tema Gimme Shelter, pero para quedarse a gusto nada mejor que una buena película con la música de la gira mundial más exitosa de la banda londinense (2005/2007). Shine a ligt tuvo su estreno mundial en el 58º Festival Internacional de Cine Berlín el 7 de febrero de 2008.

Y por si hubiese alguna duda de que Dylan está en lugar privilegiado de su catálogo musical, entre la flor y nata de la música de los años sesenta y setenta del siglo XX, con  Rolling Thunder Revue (2019), con 57 conciertos  por pequeñas localidades, queda certificado. Monumental documental de 140 h, disponible en Netflix -2:20 h-, en el que mezcla algo de ficción con realidades de la gira 1975/76 por todo Estados Unidos, junto a otros grandes que lo acompañaron como Ringo Starr, Joan Baez, Allen Ginsberg o Sam Shepard

¡¡Casi nada lo de este muchacho neoyorquino!!