No deja de darme vueltas en la cabeza la idea del terrible drama en que debe encontrarse Isabel. Me gustaría entenderlo y poder explicarlo a quien quisiera escuchar, pero no aparece una luz clara y brillante que resuelva la situación y esto es difícil que un algoritmo dé con la tecla.

Cualquier razonamiento lógico, por ejemplo, del enrevesado mapa político en que dicho drama se desenvuelve enturbia más que aclara. Esta heroína de la política madrileña para los suyos, para otros la auténtica Belén Esteban de la política española (Tenlli dixit), se ha encontrado con que su nuevo novio, que parecía la elección definitiva; con el que compartir casa, tener hijos y envejecer cogidos de la mano, ha resultado un comisionista poco cuidadoso con el manejo de las facturas y muy descuidado con las liquidaciones de beneficios empresariales ante Hacienda.

La oposición política pide la dimisión de Isabel, con los argumentos que la prensa amiga prodiga día a día y que van empeorando las cosas por momentos. Y ella, con poco apoyo de su partido y algo más de la prensa amiguísima, sale al descubierto a defender a su amor a capa y espada y lo que haga falta.

 Pero por aquí no quiero ir para explicar lo que alguien quisiera escuchar, pues ni yo ni nadie tiene en la mano todos los hilos que anudarían la verdad que está por averiguarse. Prefiero otro punto de vista para ver otro tipo de explicación, que esta sí que no querrá escuchar nadie, pues a nadie parece importar el profundo sufrimiento, el desgarro, la terrible herida, de Isabel. Veamos

Terminados sus estudios se dispuso a triunfar laboralmente tanto como pudiese, para que su padre estuviera orgulloso de ella. En apenas una década consiguió ascender a Presidenta y enseguida poner las miras para llegar a PRESIDENTE. Con esa base asegurada decidió triunfar también en el amor, en el que tenía algún rodaje, más bien algunos escarceos de entrenamiento, pero a lo que apenas había podido dedicar tiempo con tantos afanes para llegar a donde estaba.

Ahora llegaba el triunfo a su segundo empeño. El amor de un apuesto hombre que la hacía sonreír y con los posibles que le iban a permitir disfrutar de un estupendo ático doble en un noble edificio céntrico y de rebote librarse del caro alquiler que pagaba con esfuerzo, por culpa de las subidas sin tino que había propiciado el Gobierno con su inane política de vivienda.

Con tanto trajín, año tras año, había bastantes cosas que nadie le había contado ni ella podía haber estudiado y naturalmente no contaba con ellas. De ahí la gran sorpresa y el tremendo mazazo que ahora suponía tener que entender y asumir de sopetón lo que René Thom había teorizado setenta años antes con su Teoría de las catástrofes. En resumen, y así a la pata la llana, que todo lo que sea un sistema dinámico, como puede serlo la vida de cualquier ser vivo, aunque pueda parecer a simple vista algo continuo y previsible, como si fuera una curva derivable, en realidad está expuesta a discontinuidades (catástrofes).

Y pocas discontinuidades podrían compararse con la que una malhayada madrugada vino a interrumpir el dulce y satisfecho sueño de Isabel, en forma de noticia periodística de la prensa malvada, anunciando con júbilo que todo el Estado le estaba cayendo encima a su amor. 

¡¡Así es la vida de tremenda!! Estás plena en las cimas que te habías propuesto conquistar y una discontinuidad te deja sin apenas opciones de ser PRESIDENTE y con un noviazgo maltrecho. Y por si esto fuese poco, con el horrible sufrimiento existencial, que deja al pobre y dubitativo Hamlet en un amateur, al saber que la cosa es más grave que tener que elegir entre perder el poder o el amor, pues el golpe del destino se está llevando las dos opciones por delante.

¡¡Pobre Isabel!!